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Anatomía de un cigarro:
La tripa se forma plisando las hojas en forma de abanico, creando pasos de aire horizontales que faciliten el tiro,y aseguren que todas y cada una de las caladas contienen la totalidad de los sabores del tabaco. La tripa está formada por largas hojas de tabaco, que ocupan la longitud total del puro (en los puros mecanizados, la tripa está formada por hojas cortadas en trozo trozos pequeños); en los puros de calidad, la tripa se forma con hojas largas para que el cigarro tenga el mismo sabor en toda su extensión y su ceniza tenga consistencia. La tripa se envuelve con una hoja llamada capillo o capote; ésta influye en el sabor, el aroma y la combustibilidad del puro y su sabor debe ser compatible con el de la tripa y la capa. La capa es la hoja que está a la vista; debe ser atractiva y bien veteada, de textura uniforme y suave al tacto; puede contribuir al sabor del puro en un 60%.
CABEZA: Es la parte del cigarro por donde se fuma; en los puros mecanizados puede aparecer cortada de fábrica. La cabeza está rematada por la perilla, que es un trozo de hoja que remata la cabeza del cigarro. Puede terminar en forma de avellana o en rabo de cerdo cuando está hecho a mano. Su realización manual es muy laboriosa y especializada. El cigarro puede abrirse con diversos tipos de corte.
CAÑÓN O TALLO: es el cuerpo del cigarro. El cañón parejo es el que mantiene el mismo grosor en toda la longitud del cigarro. El cañón figurado o ahuevado es el que presenta formas distintas a las rectilíneas.
PIE: es por donde se enciende el cigarro; el encendido tiene sus características y sus secretos.
El arte de fumar un puro:
Saborear un buen cigarro puro es comparable a catar un buen vino; así, los fumadores expertos hablan de "degustar" el sabor del humo, ya que las glándulas gustativas son el mejor conductor del placer de un puro. Una calada, en la que se paladean la complejidad y la lograda combinación de los sabores presentes en un cigarro puro, es comparable al placer que provoca un vino excelente o una comida exquisita. Los clubes y bares de puros y habanos están floreciendo en las principales ciudades del mundo. Londres, por su capacidad de comercio y consumo, es la meca. La prohibición de fumar en los sitios públicos de Estados Unidos ha ocasionado un crecimiento explosivo de los locales para puros. Sobre ellos actúa como faro la revista Cigar Aficionado, con una tirada mensual de 750.000 ejemplares. En Europa, donde las opiniones sobre el fumar son más liberales, los pocos clubes que existen siempre han sido para el verdadero goce de los puros, más que un refugio de activistas de la causa.
Dondequiera que Ud. se encuentre, no le tomará mucho tiempo apreciar que el amante de los puros y habanos vive y convive en ambientes de camaradería. Ese ambiente es mucho más amable, más culto y más perfumado, que el de los fumadores de cigarrillos.
Los cigarros hacen posible disfrutar de una experiencia única, y ello por los siguientes motivos:
Son muy pocas las variedades de tabaco que se usan para elaborarlo, cuyo cultivo y añejado son extremadamente cuidadosos.
El proceso de fermentación de las hojas hace que éstas pierdan gran parte de la nicotina.
Los puros están diseñados para arder a temperaturas muy bajas, es decir, el tabaco no debe carbonizarse ni calentarse exceso ni no se quiere que pierda su suavidad.
El humo no es un elemento secundario, sino la clave del placer. En él residen el sabor y el aroma de un puro, cuando entra y sale de la boca y deja latente su sabor particular (una sensación no expresable con palabras, sólo en humo, la más efímera de todas las sustancias).
Respecto al sabor: aunque los cuatro sabores básicos son el dulce, agrio, salado y amargo, el humo de los puros puede presentar una variedad infinita de ellos (con matices similares a los utilizados por los catadores de vinos: ácido, áspero, suave, fuerte, con cuerpo, rico o equilibrado); un mismo puro puede presentar varios matices de sabor y cada uno de ellos poseer su propio cuerpo e intensidad (haciendo que cada bocanada tenga su propio gusto y regusto). Además, el cigarro puro cambia su sabor a medida que se fuma, e incluso el sabor puede variar si se disfruta acompañado de determinadas comidas o licores.
Pero, aparte del sabor, los puros se pueden disfrutar también con el olfato, la vista y el tacto. En definitiva, un cúmulo de placeres que mantendrán al fumador hechizado toda una vida.
Cómo fumar un puro
1º.- Llévese el puro encendido a los labios y, antes de dar la primera bocanada, sople a través del mismo para expulsar todo sabor desagradable producido por el encendido.
2º.- hecho esto, llene su boca con el humo frío y reténgalo sin inhalarlo; retire el puro de la boca y suéltelo lentamente; antes de dar la siguiente bocanada, aguarde unos instantes.
3º.- no fume precipitadamente, sino a intervalos de un minuto más o menos para que el puro no se apague.
4º.- cuanto más rápido fume menos placentera será la experiencia, ya que el puro de calentará en exceso y tendrá un sabor amargo.
5º.- la cabeza del puro debe estar lo más seca posible, por lo que evitará tenerlo en la boca demasiado tiempo (no lo masque ni lo sostenga entre los dientes mientras esté realizando otra actividad); un puro húmedo empieza a perder sabor cuando el alquitrán y la nicotina se mezclan con la saliva; no lo sostenga en la boca más de tres minutos durante la fumada. 6º.- el sabor que tiene la primera mitad del puro es distinta a la de la segunda, la cantidad de humo aumenta y el sabor se intensifica, lo que no siempre es positivo.
Este momento se produce tras haber fumado una tercera parte del puro (los fumadores expertos perciben el momento en que el puro ha desprendido su verdadera esencia y lo apagan satisfechos, antes de llegar a ese momento; otros, que nunca abandonan, acabarán por tener una sensación desagradable en la boca, cuando el sabor del puro llegue a su máxima agrura); asimismo, el olor que desprenderá no hará más que justificar las quejas de los que se oponen al fumar.
7º.- sujete el puro suave pero firmemente; no lo aplaste con los dedos como un cigarrillo (a fin de no deteriorarlo y obstruir el tiro); debe utilizar el dedo pulgar, el índice y el corazón. 8º.- para sacudir la ceniza acumulada, tome una calada a fin de encender el pie y dé un golpecito en el cenicero; lo ideal es dar un golpe seco que deje al descubierto el pie del puro encendido.
9º.- el cenicero debe ser el lugar final de reposo de un puro; déjelo apagar por sí solo, se consumirá rápidamente y generará el mínimo olor; apagándolo con los dedos o aplastándolo sobre el cenicero, solo esparcirá más restos de tabaco y, con ellos, humos desagradables. El olor a puro fumado y frío no es, precisamente, una fragancia y, por ello, es aconsejable no dejar los puros acabados en lugares cerrados; además, el maravilloso y largo proceso de elaboración de un cigarro puro merece nuestro respeto y consideración, por eso déjelo morir dignamente en el cenicero.
10º.- a veces, fumar se torna complicado: a) puede que el puro no tire bien (por una ligada demasiado prieta, al haberse formado un andullo en la tripa que bloquee el trayecto del humo o por exceso de humedad), entonces su sabor es inferior y tiene tendencia a apagarse. b) un puro con poca tripa corre el riesgo de quemarse y resultar áspero, a causa de la gran cantidad de humo que generará en muy poco tiempo. c) puede que un puro se consuma con demasiada rapidez y de modo no uniforme alrededor de la capa, bien a causa de una pobre elaboración o de una humectación inadecuada. Ante estas situaciones, lo mejor es transmitir sus quejas al tabaquero que se los vendió y, en tanto, encender otro puro, pues el tiempo reservado para fumar es tiempo perdido si lo emplea en otra cosa.
Conservación.
Los puros selectos deberían tratarse como los mejores vinos, ya que son igualmente sensibles al entorno. En realidad, son los frutos maduros de una combinación rigurosamente controlada de temperatura y humedad. Los puros son biológicos y no sobreviven bajo condiciones adversas a la planta de tabaco que fueron en su día; por eso deben conservarse en condiciones parecidas al las que tuvo el tabaco durante su cultivo, fermentación y su torcido. Los puros, quizás los objetos más preciosos, deben guardarse en un lugar oscuro y con menores variaciones climáticas posibles, es decir, en un humidor. En el interior de un humidor existe un microclima, en el que el grado de humedad no es uniforme, pese a los orificios o ranuras dispuestos para que circule el aire y no se deformen las tablillas y los contrachapados; todo esto permite "gestionar" su humidor, colocando los puros más secos lo más alejado posible de la fuente de humedad para que se hidraten lenta y uniformemente.
La conservación de los puros es una de las claves de la experiencia de fumar e influirá decisivamente en el tiro, el sabor y la combustión. En realidad, el mayor problema que encontrará para conservar sus puros será el de poder estabilizar la temperatura entre 16º y 18º, ya que los humidores no contienen un mecanismo destinado a tal fin, como en el caso de las cavas. Esto no obstante, debe tener claro que un humidor es una sabia inversión, que le compensará con un buen mantenimiento de sus puros. ¿Qué es un humidor?: es una caja o un recipiente que, aunque cerrado, se construye para permitir una mínima ventilación, y está dotado de un dispositivo para mantener en su interior una humedad relativa constante y un mecanismo que mide la humedad, llamado higrómetro. Por fuera, estará construido como un buen piano: con bisagras y una tapa firme, equilibrada y que no vuelque la caja. También se le conoce con el nombre de humectador.b La temperatura a que deben almacenarse los puros oscila entre 16 a 18 grados y una humedad relativa del 70 al 72 por ciento; esta recreación del clima tropical evita que éstos se vuelvan secos y frágiles, y consigue conservarlos durante más tiempo. El humidor es una fuente permanente de humedad y de presión atmosférica para su tabaco. Todos disponen de un sencillo dispositivo (higrostato), que suele consistir en una esponja o tubo plástico, que libera lentamente la humedad; antiguamente se utilizaban corazones de manzana.
¿Qué humidor elegir?: 1º.- La capacidad: debe ser adecuado a la cantidad y tamaño de los puros que desee guardar (no tenga en cuenta si está destinado a 50, 100, 150 ó más unidades, puede que sean de vitolas de menor tamaño que las que vd. fuma normalmente). De todas formas, cómprelo de un tamaño algo mayor del que haya previsto en un principio. 2º.- Su construcción: examine si las ensambladuras son perfectas o las esquinas no están bien cuadradas, no lo compre; preste también atención al reborde del cierre y a la tapa, que deben encajar bien, pero no herméticamente (ya que el aire debe renovarse); rechace los que presentan alguna deformación visible. 3º.- El peso: debe estar compensado, una tapa muy pesada puede ser un inconveniente, abierta en exceso arrastraría el cuerpo del humidor desparramando los puros y poco abierta podría pillarle los dedos. 4º.- El higrostato: nos decantamos por la esponja, pero lo importante es que no se olvide de rellanarlo con agua periódicamente. 5º.- Su interior: a ser posible elija uno forrado con madera de cedro, ya que tiene propiedades llamadas higroscópicas (absorbe y libera humedad) y favorece la fusión de los tabacos que componen el puro; las bandejas facilitan la organización y rotación de los cigarros. 6º.- Su transportabilidad: los humidores de mayores dimensiones deberían llevar asas, por si hay que desplazarlos para ofrecer a los invitados. 7º.- Su seguridad: nunca está de más un cerrojo o una cerradura (deje siempre un juego de llaves fuera...).
¿Cómo cuidar su humidor?: solo debe tener en cuenta dos reglas: mantener la tapa o puerta cerradas y rellenar periódicamente el higrostato. Utilice agua destilada, ya que el agua del grifo suele contener sales minerales que pueden alterar las propiedades higroscópicas de su humidor. No lo exponga al sol, sobre el radiador o cerca de un aparato de aire acondicionado; en el primer caso, deformarían la madera en los otros dos, le harían trabajar en exceso para mantener la humedad estable.

Los escarabajos del tabaco: aunque se fumiga durante su elaboración,sus huevos pueden permanecer latentes en el interior y provocar estragos si logran salir del huevo con el calor del humidor. Examine todos los puros para detectar los agujeros y elimine los que están dañados. Evite otras posibles infectaciones, guardando los puros sanos en el congelador y dentro de una bolsa de plástico; antes de devolverlos a temperatura ambiente, téngalos unos días en el congelador (unas 48 horas) y 24 horas más en el frigo. El cambio de temperatura debe ser gradual o, si no, la capa de los puros puros se desprenderá. Limpie bien el humidor para que vuelva a ser un lugar seguro. Otro problema, el moho: de color verde azulado y aspecto desagradable. Si esto ocurre deberá sacrificar los puros afectados, así como limpiar a fondo y airear el humidor. A veces, como resultado de los aceites que emanan los puros al envejecer, aparecen manchas grisáceas o blanquecinas en la capa. En estos casos, limpie las manchas con un paño suave.
Recuperar sus puros secos: Tras secarse la capa, el capote y las hojas de la tripa, el tabaco requiere tratamientos de terapia intensiva, que no siempre resultan. En un artículo de Alberto Soria, en mipunto.com, opina que es importante que Ud. no sienta que eso le pasó por descuidado o inexperto. Los cigarros se le secan a todo el mundo. A los fanáticos que compran muchos, a los conocedores que adquieren varias cajas y que siempre comenten un descuido porque el humidor no funcionó, o porque se distrajeron en el viaje, y también a los consumidores regulares porque los persigue la señora o la hija, porque lo pusieron a dieta y también le suspendieron el cigarro, y porque el humidor le quedó pequeño.

Así como no hay conocedor de vinos al que no se le malogre una botella, no hay amante de los puros y habanos que no fume seco. El problema de la humedad es constante en la mayoría de las ciudades. En el Caribe es el fantasma que genera la reposición constante de los inventarios.
Los puristas pacientes recomiendan rechequear el humidor, e intentar con paciencia y delicadeza ir rotando los más secos desde los extremos hacia el centro. Si esto no resulta (como seguramente ocurrirá) un tratamiento de terapia intensiva que el sentido común ha puesto en boga es convertir el baño de su casa en un baño turco dejando la ducha caliente abierta, y los cigarros expuestos para que el vapor los alcance. No funciona. Otro método lógico es ponerlos en la nevera dentro de una bolsa de plástico. No funciona. Meterlos de contrabando en la bata con la que en el gimnasio penetra al sauna, suena también lógico. No funciona.
La forma que mejor me ha resultado a la hora de recuperar un puro seco es la Rothman. Lew Rothman, es un famoso comerciante de puros en Estados Unidos. Esta es su recomendación: Se ponen los cigarros dañados en una bolsa de plástico de cierre hermético, y a ésta se le hacen muchos agujeros pequeños por las dos caras. Después esta bolsa agujereada en que se ha acostado al enfermo, se coloca dentro de otra que contiene una pequeña esponja húmeda (No chorreando agua, sino húmeda). Después de una semana, se abren las bolsas y se colocan los puros o habanos ya hidratados en el humidor. Lo más sensato es que después no espere semanas para degustarlo. Otras posibilidades de conservación: * en un recipiente de plástico junto con una bolsa de plástico con una esponja o servilleta de papel humedecida dentro. * Los frigoríficos que no producen hielo no son aceptables, pues eliminan la humedad.
Normas de etiqueta para el fumador de puros.
El buen aficionado al cigarro puro debe tener siempre en cuenta a los que no lo son y ahorrarse el calificativo de zafio e irrespetuoso. Para evitarlo siga los consejos de Marvin R. Shanken, en su magnífico libro "Puros, manual para sibaritas": El aficionado entre no fumadores
La regla de oro es no compartir el humo de su puro con quien no sepa apreciarlo. A parte de esta regla evidente, tenga en cuenta que desde noviembre de 1999 está prohibido fumar en lugares públicos. Esto no obstante, recuerde: 1º.- que no debe fumar en ascensores, vestíbulos u otros lugares cerrados; 2º.- si fuma en un lugar público con buena ventilación y donde no esté prohibido, pero alguien se queja con educación, le resultará más fácil cambiar de lugar que defender sus derechos; 3º.- en casa, hay que vaciar los ceniceros y ventilar la casa, a fin de evitar el olor rancio que dejan las colillas y las cenizas; 4º.- debe cuidar su ropa, ya que los puros, una vez fumados, la impregnan de un fuerte olor.
El aficionado entre otros aficionados
Entre aficionados, las normas de buen gusto son: 1º.- no se ofrece una ronda de puros, al igual que una de cigarrillos; 2º.- nunca eche el humo hacia otra persona, aunque sea hacia otro aficionado; 3º.- devuelva al momento el cortapuros y/o encededor que le presten; 4º.- no ofrezca a nadie un puro ya cortado sin su consentimiento, (el corte es un asunto muy personal); 5º.- no se ofrezca a dar fuego a nadie si no se lo solicita (el encendido es algo tan personal como el corte); 6º.- no dé por hecho que debe dar lecciones a una mujer, solo por serlo, hay verdaderas expertas. 7º.- si quiere retirar la anilla del puro, no lo haga hasta que llegue al último tercio; 8º.- nunca coja un puro de un humidor si no se lo han ofrecido, trate el humidor ajeno como con el mismo respeto y discrección que merecen un diario personal o una caja fuerte; 9º.- en los círculos de fumadores, "sírvase usted mismo" significa "coja uno", no se llene los bolsillos a menos que se le invite a hacerlo; 10º.- experimente, si viaja a un lugar donde elaboran puros, pruébelos aunque lleve consigo su marca favorita (si quiere llevarse a casa unas cajas, pregunte cuantas puede pasar en la aduana sin problemas); 11º.- en los nacimientos de sus hijos, sea generoso y reparta los puros con orgullo; 12º.- los puros explosivos son una broma de muy mal gusto, no caiga en esa bajeza y aléjese de quien lo haga.
El Che, unícono del siglo XX y gran fumador de puros
Fumar un «tabaco» era el único vicio confesado del comandante Ernesto Che Guevara, asmático desde los dos años, viviendo con ese peligro constante y sin embargo convencido de que el humo del habano «expulsaría al dragón adormilado en su pecho». Muchas fotos del legendario guerrillero cubano-argentino lo muestran con un habano (tabaco en Cuba, puro en España) en la boca o entre los dedos índice y mayor, y con el rostro semioculto por las volutas de humo. Pero, en realidad, su «vicio» fue tardío y sólo se entrego a las delicias del habano en los últimos diez años de su vida (1957-1967). «De hecho, fue en 1957, en plena campaña de la Sierra Maestra (1956-59), cuando descubrió el placer que procura un buen habano», explica su gran amigo argentino Alberto Granado. Antes le divertía al Argentino (1928) llamar «fumadores de tabaco» a los cubanos que había conocido en Costa Rica y Guatemala. Y ni siquiera le contagió su afición Fidel Castro, al que conoció en 1955 en México.
En la Sierra Maestra empezó por llenar su pipa de habanos desmenuzados, pero «luego decidió fumar el habano entero y, al igual que nosotros, lo apuraba hasta quemarse los dedos», relató un ex combatiente de la Sierra Maestra, que fue también uno de los compañeros del Che en Bolivia.
«Más tarde consideraba al habano como otro don del cielo, junto al mate argentino», agregó. Siempre (¿?) se le veía con un Partagás o un H. Upmann encendido, fumaba tres o cuatro cada día y se habían convertido en sus inseparables compañeros. «Era su único vicio».
Todas estos testimonios y anécdotas figuran en un artículo del periodista francés Jean Cormiera publicado en un antiguo numero de la revista trimestral L'Amateur de Cigare.
Cuando era ministro de Industria del gobierno cubano, algunos amigos, como Antonio Núñez Jiménez, le advirtieron que fumar era malo para el asma. «Te hace daño, no fumes. Cuba te necesita sano». «Bueno, solo fumaré un habano al día», contestó el Che. Y al día siguiente recibió a sus colaboradores con un habano... de un metro de largo.
Nació el Cohiba en 1966
Fue el propio Guevara, quien, por añadidura, también popularizo después de Fidel Castro el tabaco que se iba a llamar Cohiba, primera marca de habanos de la Revolución (1). Ya que el nombre fue escogido sólo en 1966 por Celia Sánchez, una de las pocas mujeres guerrilleras en la Sierra Maestra y que se quedó principal asistente del líder cubano. Antes, estos puros no tenían marca ni anillo, se llamaban «los puros del Comandante», quien había descubierto por casualidad la excelencia de este nuevo módulo un día de 1963 (probablemente a principios del 63) en su Oldsmobile oficial que andaba por la Quinta Avenida, en Miramar. Acababa de recibirlo de parte de Chicho, guardia de su escolta y amigo conocedor. «Nunca antes en mi vida había fumado nada mejor», tuvo la oportunidad de decir más tarde el Che, cuando estos tabacos se hicieron los preferidos de los dirigentes de la Revolución. Fidel Castro se los ofrecía a sus ministros y el Che fue uno de los primeros beneficiarios.
Por un tabaco mal apagado
Es probable que el Che llevaba con él algunos de esos tabacos cuando viajó en diciembre 1964 a Nueva York. Ernesto Guevara tuvo, el 11 de diciembre, ante la Asamblea General de las Naciones Unidos, una nueva gran actuación internacional al hablar en nombre de Cuba, presidiendo la delegación cubana. Fue acompañado por su secretario personal, José Manuel Manresa. Cuenta Orlando Borrego, colaborador y amigo del Che, reportando testimonio de Manresa (Recuerdos en ráfaga, Ed. Ciencias sociales, 2004, p. 51) : «… de pronto Manresa estalló en una risa incontenible que le aguaba los ojos. Me convencí que algo fuera de lo común le había sucedido». Durante un receso de la Asamblea, el Che estaba conversando con otras personalidades diplomáticas y de pronto había prendido un habano «dedicándose a disfrutarlo con el mayor placer y elegancia». No habían pasado 5 minutos y se anunció la reanudación de la sesión. El Che miró enternecido su tabaco, se acercó a un cenicero y trató de apagarlo con cuidado para no estropearlo y luego lo depositó sigilosamente en el bolsillo de su chaqueta. Entraron los dos y ocuparon de nuevo sus asientos… A los pocos minutos «se respiraba un aromático olor a tabaco cubano en el recinto». El Che sintió un fuerte calor en el bolsillo, y con discreción sacó su preciado habano… encendido y se lo pasó con mas discreción todavía a Manresa. Largos minutos pasaron, antes que Manresa, impaciente, aprovechara unos aplausos de los asistentes para tomar rumbo a la primera puerta de salida «con la mayor dignidad». «Procedió a apagarlo con la mayor delicadeza. Debía conservarlo con esmero para devolverlo al final de la sesión al Che, seguro de que de no hacerlo tendría que soportar une seria reprimenda». El Che iba a inflamar la Asamblea con un discurso histórico. Por poco, por su afición al habano, iba a incendiar su chaqueta de guerrillero, ¡con todas las consecuencias que eso hubiera provocado! Imaginemos titulares de la prensa: ¡«Fuego en la ONU. Los bomberos tuvieron que rociar al delegado cubano, el Sr Ernesto Guevara con espuma de gas carbónico»…!
Por otro lado, en una de las últimas fotos del Che, hechas en Cuba por Salas, Ernesto Guevara está fumando un habano de Fidel. Obviamente lo está saboreando. Sin embargo, en 1961 había escrito, en su prologo al libro «Biografía del tabaco cubano», que «ya no somos el país del tabaco, sino el de Fidel Castro y la Revolución. No queremos que Cuba sea mero productor de bienes de consumo destinados a satisfacer los caprichos de algunos»... Por suerte, no se tomó en cuenta el proyecto del Che. Actualmente, se producen y se venden en Cuba y en el mundo entero un promedio anual de 150 millones de unidades de habanos, lo que representa el ingreso de una cantidad enorme de divisas… Otras dos anécdotas valen su peso en hoja de tabaco: una de noviembre de 1966, cuando Regis Debray, alias Danton, se sumó secretamente a la guerrilla de Bolivia con dos cajas de Churchill (¿?), es decir, 50 gruesos vegueros que el Che a su llegada mas tarde se apresuro a repartir con sus camaradas. Otros dicen que se trataba de los futuros Cohiba; y otra de 1965, cuando recibía en el Congo belga paquetes de libros, medicamentos y... habanos expedidos desde La Habana. Fidel Castro terminó de una vez por todas con el tabaco en 1985. Fumaba una cierta cantidad de lanceros, varios cada día. De vez en cuando mostraba con orgullo la medalla que le había otorgado la OMS (Organización Mundial de la Salud) de Ginebra por dejarlo.
Habano vs Boyard
El Che también regalaba tabacos. Una foto se volvió muy conocida. En 1960, a Jean Paul Sartre, gran fumador de pipa y fumador empedernido de cigarrillos, lo recibe oficialmente el argentino, entonces presidente del Banco Nacional de Cuba. Son las doce de la noche, el encuentro tiene lugar en el gran salón de la presidencia. En la foto tomada por Korda, se ve a Sartre, con traje y corbata negra, sentado en un sofá de cuero, ligeramente inclinado hacia adelante, con un puro sin anillo entre el índice y el mayor de la mano derecha. Parece torpe, con los dedos demasiado cerca de los labios. Frente a él, el Che está sentado en una butaca y tiende hacia Sartre la llama de un grueso encendedor de mesa, tipo Ronson. Podemos pensar que en este momento el Che tuvo la amabilidad de no decirle a Sartre que un puro no se debe encender dirigido hacia abajo. Según el escritor y periodista cubano Jaime Sarusky, «Sartre agarraba el tabaco con timidez, por no decir con miedo, como si intentara adaptarse a esa nueva experiencia, muy diferente de la de fumar cigarrillos, que más que tomar entre los dedos daba la sensación de que los abrazaba».
¡Ah, los famosos Boyard de JPS! A Fidel lo intrigaron los gruesos cigarrillos, fumados por Sartre y le pidió probarlos. Le pregunto si conocía el sabor de los habanos. Es lo cuenta Lisandro Otero, testigo directo. «Intercambiaron tabacos de distinto tipo y fumaron a gusto». Así, salvo error, Jean Paul Sartre fue probablemente el primer francés en fumar habanos con Fidel y con Che Guevara. ¿Quién ha tenido tal suerte? Nuestro presidente vitalicio del Club de los Parlamentarios (franceses) Aficionados al Habano, André Santini, por ser demasiado joven, jamás tuvo tal oportunidad. Él para quien un día sin habano es un día sin pan, sin sol o sin tiro de humor.
Ya desde el 63 «el puro de Fidel» era excelente. Los expertos cubanos se dedicaron, en el curso de los años, a mejorarlo cada vez más… hasta hoy. El Amateur de cigare escribe entre otras cosas buenas sobre este Lancero: «tiene indiscutiblemente una facha loca (…) Se saborea con los ojos cerrados». Es obviamente para conocedores, para aficionados confirmados y eso desde hace 44 años, desde su primera versión. A la cuestión de saber si Fidel Castro les ofrecía otros tipos de habanos a sus amigos, a las personalidades que venían a Cuba o a las que expedía cajas de estos tesoros, hecha en 1996 con insistencia por su amigo norteamericano Marvin Schanken, el jefe de la revista Cigar Aficionado, el líder cubano respondió que no, como lo escribe el experto Adargelio Garrido de la Grana (1958), el autor del libro de referencia … Lo llamaremos Cohiba (Ed. Habanos SA, 1997).

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