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19/09/2008 | Dallas, 22 de noviembre de 1963. Un joven y ambicioso presidente que viajaba en una limusina descapotada se desploma en los brazos de su esposa. El país entero presenció por televisión el brutal asesinato. Treinta y cinco años después, el fantasma del líder abatido continúa presente en la conciencia de los norteamericanos, y el misterio que rodea su muerte no hace más que aumentar el culto hacia al hombre que encarnó las esperanzas de toda una generación. Así, han aparecido nuevas pruebas que demuestran que en la autopsia de Kennedy hubo dos cerebros: el primero y auténtico, destrozado por el impacto de una bala con entrada frontal, y el segundo, fotografiado en un hospital de Washington después de que el cadáver fuera trasladado allí en avión, que apenas parece dañado con una herida de bala por detrás. Hoy, cuando están a punto de publicarse ocho nuevos libros sobre el clan Kennedy y el magnicidio, la capital de Texas ha prosperado bastante gracias al comercio organizado en torno al Caso Kennedy. |