(Economía & Regiones). Más allá de lo que indican las estadísticas oficiales, la recesión argentina del 2009 habría forjado una merma en el nivel de actividad en torno al 3,4% anual.
Ahora bien, la reactivación económica mundial y de los niveles de cosecha en el plano local, inducirían una entrada neta de capitales capaz de generar un sostenido rebote del nivel de actividad durante el 2010.
No obstante, a diferencia de lo ocurrido en otros períodos de bonanza, la recuperación económica argentina se desarrollaría en un contexto de elevada inflación y deterioro de las finanzas públicas Provinciales y Nacionales: la inflación minorista se ubicará por encima del 22% anual con un marcado incremento del precio de los alimentos, en tanto que el déficit fiscal primario Nacional alcanzará aproximadamente los $7.300
millones (más de 0,5% del PBI).
Concretamente el Gobierno mantendrá su política expansiva de gasto haciendo crecer la erogaciones un 29% aproximadamente (muy por encima de los recursos totales que se expandirían un 23% e incluso del PBI nominal), con el objetivo de estimular la expansión del producto y del empleo.
En otras palabras, según lo expuesto hasta aquí, el rebote del
PBI sería la contracara de la expansión del consumo público junto con una significativa mejora del sector externo y el efecto derrame de ambos.
Ahora bien, una inflación acelerándose sucesivamente y alcanzando niveles superiores al 23% - 24% anual impone una fuerte restricción a la recuperación del nivel de actividad.
Por un lado, la inflación erosiona la competitividad-precio que otorga el tipo de cambio depreciado; Si el tipo de cambio real tiende a apreciarse, los bienes (e insumos) nacionales se tornan más caros en relación a sus pares importados.
Es decir, los sectores sustituidores de importaciones o aquellos que compiten con productos potencialmente importables (bienes transables) pierden competitividad y su producción termina enfriándose, junto con su demanda de empleo, insumos y servicios vinculados.
En efecto, el tipo de cambio real depreciado ha sido uno de los pilares fundamentales de modelo económico actual, que además de brindar protección a los sectores productores locales, incentivaba la producción de exportaciones e incrementaba los ingresos del sector público Nacional mediante el cobro de retenciones a las exportaciones.
Sin embargo, como muestra el gráfico siguiente, luego de la aceleración inflacionaria del 2006-2007, el tipo de cambio real se apreció significativamente hasta septiembre de 2008; mes en el cual la tendencia se revierte y el peso se deprecia nuevamente contra el dólar producto del encarecimiento de este último respecto de todas las monedas del mundo como consecuencia de la crisis internacional.
Finalmente, a partir de Marzo de 2009, el tipo de cambio real argentino vuelve a apreciarse a lo largo del año hasta ubicarse un 4,9% más caro en Diciembre de 2009 respecto del mismo mes de 2008.
En este marco, profundizando esta última tendencia esperamos una depreciación nominal del tipo de cambio en torno al 10,3% (alcanzando los $4,20 por dólar), pero que con un incremento de los precios cercana al 23,5%, el tipo de cambio real presentaría una apreciación promedio del 11,3% en el 2010 respecto del 2009.
Por otro lado, además de erosionarse la oferta vía apreciación del tipo de cambio real, la inflación perjudica la performance de la demanda al desgastar el poder de compra de los salarios.
En efecto, con la recuperación de la economía a partir del segundo semestre de 2009 y la moderación de la inflación durante la primera mitad de ese año, el salario real se incrementó un 2,4% en 2009 respecto del año anterior.
No obstante, con un aumento de salarios cercano al 16% durante el 2010 esperamos una merma del salario real en torno al 3%.
En síntesis, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia argentina, la aceleración de la inflación podría terminar frenando la recuperación del producto.
Tanto la apreciación del tipo de cambio real como la caída del poder adquisitivo del salario perjudicarán a la oferta y a la demanda (respectivamente), arremetiendo contra el crecimiento económico. |